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 LA HIGIENE GUARANI (II)  

Otras consideraciones sobre su alimentación y forma de vivir    

 
Con esta segunda parte finaliza este pequeño estudio sobre el modo de vida guaraní. Indagando en viejas bibliotecas, desempolvando libros que nadie lee, hemos topado con estas crónicas que hemos querido compartir con vosotros. Incluso se ha respetado el tomo y estructura de la manera de escribir de otra época. No hay demasiados comentarios acompañando a los datos principales, que preferimos hablen por sí mismos. Si nos hemos detenido en los indios guaraníes es sólo a modo de ejemplo. Ellos representan a otros muchos pueblos, más o menos conocidos o incluso desconocidos para nosotros, que a pesar de sus inevitables imperfecciones nos recuerdan con su vida ciertos aspectos a tener en cuenta a la hora de concebir una sociedad más entroncada con el medio natural.
Anana ( Izqda. ),   Caa  o  yerba mate  ( centro  ),     Estevia  ( dcha. ).
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   De los alimentos base: mandioca, maíz, batata, frutas y miel
 
Los derivados de la mandioca y tapioca fueron los alimentos más genuinamente guaraníes.
“Es notable cómo los indios descubrieron la manera de aprovechar un alimento tan tóxico como la mandioca, pues mata mata con extrema rapidez” (Bertoni), Levy Thevet y Pison coinciden en describir su aprovechamiento: “Primero la pelaban, luego la raspaban de forma que resultase una papilla delgada y para que la masa quedara más fina la molían y exprimían cuanto podían para extraer el jugo que contenía el veneno” (4). De esta forma obtenían una harina gruesa que los portugueses llamaron Carina. “La Carina o ge-ata bien preparada recibe brevemente la acción de un fermento o levadura natural, adquiere una poco sensible acidez y pasa por una leve torrefacción, todo como el pan, y substituye por tanto a este último, con la ventaja de ser fácilmente digerida y conservarse indefinidamente” (Bertoni).
La batata, base de alimentación en las Antillas, fue usada como complemento en el resto. Su cocción al vapor o baño maría es descrita por Nordenskield: “consistía en dos ollas encajadas, estando la superior llena de agujeritos para dar paso al vapor sin que la batata tocara el agua”.
Del maíz obtendrían nuevas variedades, siendo muy numerosas sus aplicaciones.
La banana no es la especie conocida por nosotros, sino otra que debe comerse hervida o asada. Era plato de base y no un postre.
De las leguminosas hicieron poco uso. En las islas no las conocían. En el continente su uso variaba según el clima. Las más conocidas por nosotros son el amanduvi o maní, que tomaban tostado o en tortas, el ihloperi (poroto manteca), la más extendida en el cultivo y probablemente la más antigua, y la Cumandá (Feijoo o judías).
 
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Los alimentos complementarios: muchas verduras, bastantes grasas y pocos condimentos.
 
“...La verdura entró siempre en una proporción, que si no era siempre muy elevada, tenía gran importancia como valor dietético...”. La verdura que los guaraníes usaban era en parte natural y en parte cultivada, con predominio de esta última. La kaä-ruru, perteneciente a los amarantos (especie comestible también en Europa) era de las más usadas. Por preparase varias especies de la misma manera tomaron un nombre genérico que corresponde a nuestra denominación de espinacas, entre ellas destacan las tayaó o tatayaova (que sustituyen a nuestro común repollo y a las coles), las hojas de batata y las de mandioca, de las que nos dice Marcgrav: “la hoja bien contusa en un mortero de madera, mediante pilón de palo, y cocida aderezada con aceite la comían como espinaca”.
Varios cogollos de palmera eran alimento importante, brotes de bambúes de algunos árboles, varias herbáceas, una especie de rumaza acidula, las agrias hojas del makihehi (óxalis), ciertas flores o inflorescencias tiernas de palmera eran usadas corrientemente. No usaron ajo, ni cebolla, ni coles, a las que daban el calificativo de “hediondas”.
Los aceites vegetales los extraían de las palmeras y de los frutos y almendras oleaginosas que comían; aunque también utilizaron grasas provenientes de ciertas larvas de insectos y los pueblos pescadores las obtenían de peces y cetáceos o incluso, en la Amazonia, de la Tortuga.
Usaron pocos condimentos. Una especie de pimienta, la Cugenia pimenta, fue muy usada en las Antillas pero no tiene los efectos de la pimienta común, siendo menos estimulante; más al sur, donde este árbol no crece, usaban el pimentón o ají.
Algunos aderezos daban aroma y digestibilidad a algunas comidas, es el caso del tukupik, análogo al shoyv japonés, salsa hecha con mandioca y un fermento especial y el tukumbaepih, preparado con jugo de mandioca, hervido, agriado y acidulado con limón.
 
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No usaban sal, ni caldos. Comían lentamente y callados. Nunca comían caliente y no bebían nada comiendo.
 
A los primeros “descubridores” les llamó la atención la exclusión de un condimento que creían indispensable. Nunca comen cosas saladas y las prohíben todo lo posible a sus hijos. Cuando nos ven comer carne salada nos reprenden como si de cosa muy inconveniente se tratase, diciendo que las comidas saladas abrevian la vida del hombre” (Chevet).
Los Kairiri, extensa nación, no la usaban. Los karaives tampoco (Rochefort). Lo mismo respecto a los Kariü, Guainhraré Are y aún los Tupi y Kimda (varios cronistas de la época). Supieron sin embargo extraer sales alcalinas de ciertas plantas, como el eje de la espiga de maíz, ricas en grasa y de la kururi que tapiza el fondo de algunos ríos...
Como dato comparativo es interesante lo que Bertoni nos cuenta respecto de los Chiriguana.  De Origen paraguayo, se establecieron en el Chaco, una región de tierras y aguas más o menos salobres con resinas temporarias o permanentes y de la práctica de la agricultura se hacía difícil y la caza en cambio más fácil. Al estar en contacto con poblaciones que usaban la sal la adoptaron también, fueron dejando un antiguo vegetalismo y haciéndose más frecuente el uso de carnes...Pues ven, Mordenskiokl confirma que no llegan a muy viejos, tanto que es raro encontrar entre ellos una persona de 70 años. Conviene tener presente que este pueblo es en lo demás un modelo con respecto a la higiene. “Comen muy bien sus alimentos, muy despacio y riéndose de ...otros que parecemos devorar más bien que comer. No comen hasta que la comida esté bien enfriada y comiendo guardan un maravilloso silencio. “(The ...).
No tomaban comida caldosa, esto era regla general. Prefieren lo soso y cuando comen cosas cocidas echan o dejan todo el caldo, no toman agua mientras comen. Las horas de comer variarán según sus paises y género de vida, “Sin embargo (dice Bertoni) hubo una hora fija para comer, parecerá muy extraña pero parece haber sido observada en toda época y en todo lugar: la media noche”.
Después del primer sueño (unas 4 horas dice Bertoni) se levantaban para comer algo o bastante: una vez hecho esto se acuestan otra vez y duermen otro número aproximadamente igual de horas”.
 
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No usaban tabaco, no tomaban mate, no otro estimulante o narcótico habitualmente.
 
Si los emplearon fue con fines medicinales o para producir ciertos estados mentales favorables, al parecer, a las combinaciones espirituales o a la simple conversación en las reuniones públicas.
El tabaco fue descubrimiento guaraní sin embargo fumar era para ellos un acto significativo (recordemos la pipa sagrada del consejo de los indios norteamericanos, que aquí también se usaba) pero nunca un hábito. Algo parecido ocurría con el uso de la yerba mate, aunque parece que en algunas partes se hiciera uso más frecuente.. Dice nuestro autor a propósito de él: “El mate tiñe sobre el café y el té las grandes ventajas de ser un verdadero digestivo y a la vez un poderoso aperitivo, así como un precioso auxiliar para la desinfección de las vías digestivas”. Y nos explica cómo los peones paraguayos resistían las jornadas durísimas de 12-14 horas a pleno sol o empapados en lluvias o rocío, con alimentos poco cocidos y gracias a este poderoso digestivo.
Usaban, por otra parte, diversas infusiones frías o tibias de varias plantas, llamadas tererekih, pero ninguna tenía cafeína o algún alcaloide de análoga acción.
 
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Alimentaban a los párvulos de manera particular.  Salvavan los fetos de un modo especial
 
Dice Rocherfort de los pequeños: “crecen maravillosamente bien y la mayor parte alcanza tal robustez que se han visto criaturas que a los 6 meses ya caminaban sin apoyarse”. Todos los autores ponderan la alegría de estos niños, que es el signo más seguro de salud... Cuando alguien le pregunta cuál es el secreto de tal brillante resultado. Rocherfort responde que el único es la luz del sol. “Ningún fajamiento ni otro estorbo de los movimientos, Leche materna hasta los 2-3 años en general y destetar con fruta y miel, añadiendo luego farináceos”.
 
La forma de salvar a los fetos era la siguiente: hasta completar los 9 meses, el feto debe ser mantenido lo más posible como si estuviera en el seno de la madre. Prueba de esto, dicen, es que el feto muy anticipado no quiere comer, ni mama, ni llora, ni echa excrementos. Tocándolo lo menos posible lo colocan en una olla de barro recubierta por una capa de plumón, lo cubren con otra capa colocando luego la olla a prudente distancia del fuego (la cara también está tapada) y lo dejan así una luna (1 mes). Si vive lo tratan como a un sietemesino. Dejan pasar unos días después del parto de la forma anterior, y seguidamente le hacen tomar agua tibia con miel (existen mieles especiales para esto) Así otra luna, el 8º mes alternan con la miel, bien emulsionada con agua tibia y un poco de grasa de bambú, emulsión que debe estar más caliente que el cuerpo y se irá aumentando en pequeñas dosis hasta los 9 meses, momento en que se la leche.
 
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No usaban bebidas alcohólicas, sino mostos apenas fermentados
 
El códice eborense nº 116 explica que durante la fiesta pública de las bodas, los ancianos se encargaban de ofrecerle a los desposados el primer vino o cerveza; lo que no hacían sin una alocución en la que enseñaba a los jóvenes “que bebiesen con moderación, para que la bebida no les hiciese daño y pudiesen ser considerados y prudentes en su hablar”.
¿Qué eran estos vinoso cervezas de Kaki?... La mejor de todas era la batata dulce. “Es refrescante, quita maravillosamente la sed y tiene una propiedad laxativa y anticatarral que estimula todas las evacuaciones” (Rochefort).
Se preparaba rayando las batatas finamente, añadiéndoles agua y dejando fermentar el conjunto ligeramente. El kavi secundario era el de mandioca. Se preparaba mascándolo y haciéndolo fermentar con batata dando “un excelente vino con sabor a suero de leche” (Pisonis).
La hora, el modo de beber, eran cosa ajustada a reglas muy estrictas, persistiendo tales reglas a través de un continente y durante tantos siglos.
La separación de la comida y la bebida fue siempre regla general.
 
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Practicaban la desinfección.  Conocían varios desinfectantes.
 
Consideraban al fuego como el mayor desinfectante.
El agua hervida era empleada con mucho acierto para conservar la asepsia y desinfectar las superficies enfermas. También la usaban para lavar platos y ollas.
Conocían varias plantas desinfectantes: el fruto del nandihpa o jenipapo se empleaba como desinfectante de la piel en varias enfermedades. EL conocimiento del paraih o palo amargo se emplea aún con este fin y como ahuyentador de los mosquitos.
Una costumbre muy común y curiosa fue urucuización. El urucu es un compuesto que extraen los indios de un árbol y mezclándolo con aceite, generalmente de palmera, forman un ungüento. La operación transcurre de la siguiente manera: tras el primer baño de la mañana y bien secos al lado del fuego, se untaban todo el cuerpo con el citado ungüento. Si se fricciona bien, el aceite penetra dando a la piel un aspecto satinado de un tinte colorado pálido que los primeros descubridores tomaron por el color original.
Las razones que los indios daban eran las siguientes: Decían “que eso los hacen más sueltos de cuerpo y ágiles...que les proporciona una defensa contra los males efectos de la lluvia, contra los ardores del sol, del frío de ciertas noches y les preserva de las picaduras de mosquitos y maripuies” (Rochefort). Bertoni agrega: que todas estas ventajas eran efectivas, pues como debían oponerse a una transpiración excesiva mediante enérgicos lavados diarios, tan repetida fricción aceitosa debía detener el endurecimiento senil (tanto el superficial y venoso como el interno) a consecuencia de los ejercicios que realizaban hasta una extraordinaria edad.
 
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El casamiento era muy precoz.  Admitía cierta consanguinidad.
Era prácticamente obligatorio.
 
Para el varón la edad aproximada era los quince años, en la cual en aquel clima el joven es casi hombre físicamente hablando. Para la mujer la precocidad es aún mayor llegando hasta 10 u 11 años en algunos casos.
Dice nuestro autor al respecto: “Contestando a la pregunta que hiciéramos de por qué se casaban tan jóvenes, un viejo arandú explicaba sonriendo con sorna uno de los motivos mediante la siguiente figura: “si tú tomas un poco de agua antes de comer y otro poco después de comer sin esperar la sed no tendrás sed después tampoco, pero si no tomas con anticipación y esperas que te dé la sed y no tienes con que satisfacerla, cuando encuentres agua tomarás hasta hincharte tu vientre y no llegarás a apear tu sed”.
La consanguinidad era frecuente. “Tienen la costumbre de casarse con sus sobrinas ,hijas de hermanos y hermanas. Las consideraban como a sus esposas legítimas; el padre no puede negarlas y ningún otro tiene derecho a casarse con ellas” (Magalhaes de Gaudavo).
En cuanto al matrimonio, el conjunto de las instituciones hacían que resultase prácticamente obligatorio y el celibato como estado permanente no existía. No hay lugar en la mente guaraní para el concepto “soltero” pues no se concibe que un hombre tenga tal estado si es hombre.
Nordenskiold, a pesar de sus minuciosas y desconfiadas indagaciones, o pudo encontrar ningún vicio sexual ni práctica alguna contra natura.
 
La poligamia existió en parte. Dos motivos parecen ser la causa: la ausencia total de relación sexual durante el embarazo y el castigo de adulterio con la máxima severidad.
 
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Respecto del embarazo y el parto.
 
Además de lo ya visto, nos dice Thevet: “A la mujer en estado nunca se le dejaba llevar cosa pesada ni hacer trabajo muy fastidioso. La mujer embarazada se guarda también de toda relación sexual.
En cuanto al parto, trascurría de la forma más sencilla. Varía el procedimiento según se viva en la gran casa común o en la familiar. Varios autores nos describen el procedimiento, que puede describirse así: cuando la madre siente llegar la hora se retira a un lugar de la selva que precisamente ha preparado para ese fin. EL lugar debe disponer de un curso de agua próximo y de una rama horizontal a una altura aproximada de un metro. Llegado el momento se sienta en el suelo y con los brazos levantados permanece asida a la barra en espera de las contracciones. Estas no suelen ser muy dolorosas y terminan con el alumbramiento. El sobreparto sigue a continuación: la placenta no se demora y suele pasar con el feto o poco después. La madre, entonces corta el cordón umbilical, hace ella misma la ligadura y seguidamente va a lavar al pequeño a y sí misma, presentando a continuación el niño al marido y a los parientes en la casa común. En el otro caso el procedimiento es similar, sólo que ayudada en casa por el marido y la madre.
A continuación hace un día de descanso, pero si sucediera en un viaje al cabo de una hora reemprende la marcha.
 
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La educación de los niños y otros aspectos de la cultura guaraní.
 
Rasgo sobresaliente de la educación en la infancia es no castigar a los niños. El concepto europeo de castigo correccional de los adultos no existe en la mentalidad guaraní, pues nunca se castiga con el fin de corregir...el caso sería escandalosos y considerado como una mala acción.
 
El padre guaraní jamás castiga a sus hijos ni les reprende con palabras severas. Por el contrario, los deja hacer limitándose a que no caigan en peligro o hagan cosas inconvenientes. Aún en este último caso jamás reprende con severidad ó les habla fuerte, sino que de forma sueva les explica lo correcto, apelando a la persuasión y si no lo consigue insiste siempre con paciencia sin hacer una amenaza, viendo con complacencia aquellos actos de independencia que nosotros solemos castigar o reprimir.
Estos preparativos de la infancia responden perfectamente a la vida del adulto en toda la organización social y económica guaraní. En esta sociedad la coacción no existe. EL hombre y hasta cierto punto la mujer y todo miembro de la colectividad son libres y pueden disponer libremente de su voluntad.
No existe imposición por la fuerza ni directa ni indirectamente. Se trabaja en común y en común se aprovecha el producto de este trabajo.
Pero el individuo no pertenece a la comunidad, sino que forma parte de ella porque quiere y hasta cuando quiera, siendo completamente libre de dejarla y entrar en otra que le admitirá sin reservas.
El cacique es como un padre y como los padres ni castigan ni imponen a sus hijos (que es como llama a los hombres de la tribu que dirige). Sólo emplea la persuasión dando buenos consejos o inculcando ideas, valiéndose únicamente de su arte oratorio y del prestigio que sus experiencias y conocimientos le han dado. Pero no impone nada por la fuerza ni podría, pues todos y cada uno son libres de obedecerle. Además, fuerza de policía no hay ni nunca hubo en ningún país guaraní. Ningún trabajo, ningún servicio es materialmente obligado ni el de las armas. Ni siquiera en caso de defensa de la tribu y del hogar el guerrero tiene obligación absoluta de concurrir. Si se niega, su voluntad es respetada como siempre. Sólo la potestad moral es materialmente admitida por ser tal y carecer de fuerza material y por no quebrantar la voluntad individual ni intentarlo siquiera.
Es obvio preguntar (se dice a si mismo Bertoni) si la misma higiene moral y enseñanza convendría para nuestras organizaciones modernas que invocan siempre a los principios de disciplina y subordinación. Pero es obvio preguntar también si en todas estas organizaciones, y en alguna especialmente, no convendría que hubiera en el individuo mayor fuerza de voluntad, mayor independencia personal de criterio y de acción y más amplia libertad de disponer de sí mismo. Y si así fuese habría que pensar en la higiene de la voluntad en el niño y tener presente que no se cultivará nunca en él la voluntad mientras se le críe y se le eduque en la obediencia porque sí.
 
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA
 
- La higiene Guaraní, Moisés Santiago Bertoni. Editada en Puerto Bertoni, 1.927 ( Existe un ejemplar en la Biblioteca General de Cataluña ).
- Protohistoria de los países guaranís. Conferencia de Bertoni en el Colegio Asunción ( Paraguay ). 
  Un ejemplar en el Museo Etnológico de Barcelona.
- Antropología, medicina e historia de América. Fiz Antonio Fdez. Ed. Ex Silvis, Buenos aires. Excelente libro (un ejemplar en el M. Etnológico de Barcelona.).
- Antiguas Culturas Precolombinas. Laurette Sejourne. Ed. Siglo XXI. Suministra datos importantes en cuanto a la influencia de las órdenes religiosas.
- Maira. Darcy Ribeiro. Ed. Alfaguara. Vida de uno de los últimos tupíes (parientes de los guaraníes). Excelente libro.

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